sábado, 18 de abril de 2009

Una habitación con vistas.

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Desde que entramos en la casa, tanto H. como su marido A., y también su hermano, comentaban que la gran sorpresa vendría arriba. Con mucha amabilidad mostraron primero cómo había quedado la zona de día ubicada en la planta baja: el estar-comedor, la cocina,… Acompañados del hijo mayor subimos luego por unas escaleras, con el trazado propio de muchas casas de la Almedina, que denotaba por sus materiales el reciente arreglo; vimos un dormitorio, luego otro, y aquí A. levantó la persiana como quien corre el telón para que empiece una función teatral, y fue entonces cuando saltó la sorpresa: todo el colorido y toda la luz del patio de naranjos del Convento de Madre de Dios, y también sus aromas, invadieron la habitación, y por ende, al resto de la vivienda. Cuando terminábamos la visita comentábamos que, en su nueva casa, H. y A. tienen una excusa más para volver a la tierra de ella, aunque sólo pueda ser esporádicamente.
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3 comentarios:

  1. Imagino una mañana de abril, un libro, una buena mecedora de anea, el "ruido de la naturaleza" en ese precioso rincón. Despierto y veo la realidad..........

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    Gracia Mercedes por tu comentario; no conocía tu vertiente poética. Lo que dices ha quedado muy bien. Una vez leí que la realidad no existe, sino que la hacemos nosotros con nuestras palabras; fabriquémonos la realidad que más nos guste. Feliz fin de semana.
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