sábado, 25 de julio de 2009

El camino.

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El camino era empinado, angosto y pedregoso; transcurría entre zarzas y otros matorrales. Bajo un sol de justicia se hizo aún más pesado. Sin embargo, tras caminar durante una hora, todo había merecido la pena: al volver la vista, el camino había desaparecido y el valle se mostraba hermoso y radiante.
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