Sólo semillas.

Cuentan que un joven paseaba una vez por una ciudad desconocida, cuando, de pronto, se encontró con un comercio, sobre cuya marquesina se leía un extraño rótulo:  "La Felicidad".

Al entrar descubrió que, tras los mostradores, quienes despachaban eran ángeles. Y, medio asustado, se acercó a uno de ellos y le preguntó:

- Por favor, ¿qué venden aquí ustedes?

- ¿Aquí?, respondió el ángel.  Aquí vendemos absolutamente de todo.

- ¡Ah!, dijo asombrado el joven. Sírvanme entonces el fin de todas las guerras del mundo; muchas toneladas de amor entre los hombres; un gran bidón de comprensión entre las familias; más tiempo de los padres para jugar con sus hijos...  Y así prosiguió hasta que el ángel, muy respetuoso, le cortó la palabra y le dijo:

- Perdone usted, señor.  Creo que no me he explicado bien. Aquí no vendemos frutos, sino semillas.
José Luis Martín Descalzo.
(27-VIII-1930, 11-VI-1991)

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